Menos mal, que tomamos nuestro café de los miércoles “las pichuflinas”. Nos subimos un poco la autoestima entre sorbo y sorbo, y entre croissant y croissant. Esta vez el tema clave de nuestro encuentro acabó siendo el mismo: nos vamos a vestir y no llega la inspiración. Miramos y volvemos a mirar. Y no, no hay ideas. El armario es aburrido. Pero cómo evitar preguntar todas las mañanas ¿y hoy qué me pongo? Volví a casa pensándolo por encima, y así, sin pensar mucho, ni ejercicios previos, me puse manos a la obra y quite lo que realmente estorbaba.
Estamos en ese momento en que nos tenemos que abrigar pero nos hemos cansado de la ropa que hemos usado los tres últimos meses. Los colores burdeos, vino tinto, o granate de toda la vida no los queremos más que dentro de una copa en forma de líquido. Y del verde caqui, caza, hoja, o cualquier derivado ni hablo. Esos jaspeados, las capas…. Que nos esperen. De verdad, ya habrá otro invierno.
Hay ganas de cambio… pero y ¿qué
hacemos con el frío? Pues buscar la opción intermedia: lana y color. Seamos realistas, aún nos quedan días de poquitos
grados o ninguno y algunas somos muy frioleras.
Por otra parte hay que innovar, estudiar un poquito con qué colores
sentirnos animadas y salir a comernos el mundo. Vamos a dejar lo más
convencional para otro momento y hacer que nuestro estado de ánimo se dispare
como un cohete.
No debemos desechar ninguna
combinación, incluso debemos arriesgar un poquito, renueva los complementos que
ahora tenemos una oferta en el mercado como nunca. Podemos encontrar colgantes,
pulseras, foulares en colores y modelos inimaginables.
Y de la lana y el color, que se
encarguen los demás. La colección actual de Bo&Cool es una auténtica transición llena de fuerza, prometido.

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